Bien entrados en el siglo XXI sorprende que el toreo aún despierte vocaciones entre la juventud. Madrid ha sido siempre uno de los bastiones de esa extraña profesión consistente en disfrazarse de arlequÃn fosforescente para ejecutar a cámara lenta a un morlaco. Aprendices de matador y toreros de salón se reúnen en varios puntos de la Casa de Campo, como muestra este vÃdeo grabado ayer mismo:
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Concedemos la presunción de inocencia a estos individuos que tal vez nunca se hayan puesto delante de un toro. Tal vez el toreo de un señor sujetando unos cuernos (también utilizan un divertido carrito con ruedas) sea una metáfora incruenta de la fiesta y su verdadera intención es sustituir esta modalidad -que además genera empleo- por aquella. No se lo pude preguntar porque exclamaron en un arcaico castellano “¡Tú qué cohone graba’!”.
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