Lección de primero de psicología: si tu paciente te cuenta que una secta satánica está tratando de controlar su mente con láseres, regálale unas gafas de sol para protegerse de los rayos. Es lo que hizo la psicóloga Suzanne James a una de sus pacientes con personalidad múltiple (”siéntese y charlamos los cuatro”) que, entre otras paranoias también aducía que había sido torturada por sus padres durante la infancia y dibujaba una casita pequeñita en Canadá donde el gobierno llevaba a cabo experimentos de control mental.
Cuando la paciente expresó a su terapeuta su temor a que sus experiencias fueran productos de su imaginación, ésta le diagnóstico un estado de “negación” y la animó a tramar historias aún más enrevesadas. En ese momento le recetó las gafas anti-láseres de cultos demoníacos. Tampoco perdió ocasión de concertar varias citas con los alter-egos de la paciente.
El caso llegó al Consejo de Psicólogos de Minnesota, que concluyó que la doctora James había violado numerosas normas y regulaciones del código de relación doctor-paciente. Según sus colegas, James había confinado a su paciente a un estado de “insana dependencia, que hacía imposible su funcionamiento independiente”. A pesar de todo, el Consejo no ha revocado la licencia de James, que puede continuar tratando a pacientes con desorden de personalidad, incluso en terapias de grupo.
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